El barrio La gloria 2, donde el 24 de mayo el Municipio de Moreno ingresó con topadoras a derribar casas, puentes y sueños, sin charlas previas ni planificación; es portador de múltiples historias que merecen ser contadas.
Lamentablemente la mayoría de ellas son tristes, pero por otro lado, también reflejan la solidaridad y esperanza de la organización barrial.
José Lobos es un hombre muy mayor que desde hace 25 años vive en el barrio y se encuentra en una situación de extrema pobreza. Con mucho esfuerzo, un tiempo atrás, en el fondo del terreno donde viven sus hijos, logró hacerse una pequeña casita que contaba con una pieza y un baño.
Pese a sus problemas de salud y económicos, el hecho de tener su espacio personal era muy importante. Además, cada uno de sus hijos atraviesan situaciones personales muy complejas que dificultan, aún más, el bienestar y cuidado del “abuelito” (como cariñosamente lo llaman los vecinos).
Sin embargo, sin ningún tipo de aviso, un día cayó la topadora y le derribó una parte de su construcción, dejándolo sin baño y con el resto de la construcción expuesta a derrumbe. Él no fue el único que sufrió el derribo de su hogar sin ningún dialogo previo, pero sí, es el más vulnerable debido a su edad , condición física y situación económica.
Pese a que su situación fue mencionada y con mucho énfasis en la primera charla que hubo con funcionarios y vecinos luego de las destrucciones, y de que el barrio se organizó, ni la cuñada de la intendenta, la secretaria de Obras públicas, María Giménez, ni la subsecretaria de Acceso a la justicia, Clara Di paula, ni los concejales Lucas Franco y Gonzalo Galeano; hicieron algo al respecto.
Afortunadamente los barrios todavía creen en la comunidad, y por eso entre los vecinos tendieron sus manos y lo empezaron a ayudar. Le consiguieron mercadería, ropa, lo llevaron al médico, están haciendo campaña para conseguir los medicamentos que necesita, le llevaron nuevamente los reclamos al municipio y hasta le gestionaron un corte de pelo a él y su hijo en la peluquería del barrio.
Ante la indiferencia siempre aparece la comunidad organizada para crear esperanza. Don José todavía sigue con tristeza porque nadie del Municipio le ofreció una solución para su problema. No se quieren hacer cargo de la demolición de una parte de su casa, ni le llevaron si quiera algo de mercadería para solventar su comida diaria. Pero por suerte, él no está solo, una red barrial lo sostiene y lo acompaña. Ante el individualismo, la salida es colectiva, y ante la arbitrariedad se sale con participación comunitaria.
SEPTIMO SENTIDO DEL CONURBANO SITIO OFICIAL!

