Ahí está él, sin publicidades detrás, solo con los colores de su vida de fondo, porque en Boca se está librando una batalla trascendental para el futuro del país. De un lado está Macri, que con el triunfo de Milei se vuelve a constituir como el actor político con más influencia del país. Es que el ex presidente de la nación ya tenía el poder económico, el poder judicial y ahora suma el político a su disposición.
Y del otro lado aparece un hombre que nunca quiso involucrarse en política, incluso una de sus banderas para defender al club es que en su gestión no hay política partidaria para acceder a cargos del Estado. Ese hombre lleva la rebeldía como bandera desde que es jugador de fútbol y enfrentó a Macri desde el verde cesped de La boca.
Hoy es vicepresidente y parece restarle importancia al poder del empresario, incluso le baja el precio y asegura con orgullo que nunca fue su empleado.
Es Román. El que defiende la función social de los clubes, defiende la pluralidad de disciplinas, defiende los valores del diálogo, la opinión de vecinos y socios. Es Riquelme el que cree que el amor puede enfrentar a la mafia, la honestidad a la trampa, el corazón a la billetera y la lealtad a los medios de comunicación. El tiempo dirá si sus armas son suficientes.
Pero lo que es seguro es que este tipo no se traiciona, y que lo que dice con la boca lo sostiene con el cuerpo.
Sin darse cuenta se constituyó en la última muralla que sostiene lo poco que el neoliberalismo no logró conquistar a nivel institución, pero que si esa muralla es derribada será, simbólicamente, una derrota muy grande para todos, más allá de las instituciones, será un golpe para el pueblo y sus derechos a vivir en un lugar justo, democrático, comunitario y dónde, sí importa las necesidades del de al lado.
Román logró como nadie antes en estos tiempos, encolumnar detrás de él a muchos sectores que se sienten representados en su lucha. El último 10, sin darse cuenta ni proponérselo, sintetiza en su discurso, acciones y gestos, lo mejor del peronismo. Y citando una frase de Soriano en «No habrá más penas ni olvidó» él podría decir : «si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista»…
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